El funcionamiento armónico de las múltiples instituciones y de los numerosos instrumentos que constituyen la Unión Monetaria Europea requiere de un afinamiento continuado de todos y de cada uno de sus componentes.

Cuando sólo han transcurrido unos meses desde que se puso en marcha el TARGET para garantizar a las instituciones financieras y a los empresarios la rapidez y el buen fin de los grandes pagos transeuropeos, el Sistema Europeo de Bancos Centrales, también denominado Eurosistema, ha dirigido su atención al perfeccionamiento de los sistemas transeuropeos de pagos de pequeño importe; es decir, de lo que se ha venido a denominar el TARGET para los ciudadanos.

Se trata de una preocupación lógica, ya que, por una parte, en el área del euro se efectúan, vía instituciones financieras, unos 100 millones de operaciones diarias de pequeños pagos, de los que varios cientos de miles son transfronterizos; y, por otra, los pagos transfronterizos, sobre todo si se efectúan vía transferencia crediticia, son más caros que sus similares nacionales y tardan bastante más en ser ejecutados (según una muestra realizada en 1994, el 15% de las transacciones transfronterizas requirió más una semana para su ejecución).

Las causas de estas ineficiencias en los pequeños pagos transfronterizos europeos provienen de la situación heredada del modelo financiero anterior a la Unión Monetaria Europea.

En primer lugar, se debe a que los sistemas interbancarios de pagos trasnfronterizos, en general, son poco eficaces: excepto en el caso de los pagos efectuados con tarjeta que se procesan vía soluciones centralizadas y automatizadas, para el resto de pagos predomina el modelo de correspondería o de clubes bancarios, relativamente cerrados; que son bastante engorrosos. En segundo lugar, los pagos transfronterizos al por menor no se encuentran en la actualidad suficientemente estandarizados y se procesan mediante sistemas relativamente poco automatizados. La causa última de ambas ineficiencias tiene su razón de ser en el relativo escaso volumen de este tipo de pagos transfronterizos que dificulta el tratamiento sistematizado de los mismos.

Así las cosas, El Sistema Europeo de Bancos Centrales, sobre quien recae la obligación "de favorecer una eficiente asignación de los recursos" en el ámbito de la UME (art. 2 de los Estatutos del SEBC y del BCE) ha decidido promover una serie regular de encuentros entre las instituciones financieras europeas y los industriales de los sistemas de pagos, en orden a introducir, en el horizonte del año 2002, importantes mejoras en el marco operativo de las transferencias transeuropeas al por menor, de cuyas características nos ocuparemos la semana que viene.

La propuesta del Sistema Europeo de Bancos Centrales, para mejorar los actuales sistemas europeos de pagos transfronterizos al por menor, parte de dos premisas: 1º) que la adaptación de los distintos sistemas de pagos esté concluida antes del 1 de enero del 2002, que es cuando, en el área del euro, dejará de tener sentido la diferenciación entre transacciones domésticas e intracomunitarias; y 2ª, que los bancos centrales europeos no van a elaborar una alternativa propia a los sistemas de pagos al por menor. Por tanto, las mejoras a introducir en los actuales sistemas de pagos al por menor queda exclusivamente en manos privadas y han de estar concluidas en los próximos dos años.

Sin embargo, el Sistema Europeo de Bancos Centrales ha propuesto una serie de objetivos que espera cumplan todos los sistemas transfronterizos de pagos al por menor a partir del 2002.

En primer lugar, se señala la prioridad de la reforma de los actuales sistemas de pago vía transferencias crediticias, (aquéllas en las que el deudor paga mediante cargo en su cuenta bancaria con abono en la cuenta del acreedor), que es la modalidad de pago transfronterizo de pago más habitual en Europa (excepción hecha de las operaciones con tarjeta). La solución podría venir por la vía de los débitos directos, pero esta propuesta exige que se solventen las actuales dificultades técnicas y jurídicas.

En segundo lugar, se indica que los precios de las transferencias transeuropeas deberán tender a equipararse con los precios de las transferencias domésticas. Se trata de un objetivo a medio plazo, en cuanto que se prevé que las transferencias domésticas y trans-nacionales en euros tenderán a utilizar idénticos estándares y podrán, por tanto, valerse de los mismos sistemas y procesos. Por idénticas razones, se espera que el plazo de ejecución de las transferencias domésticas y trans-europeas sea prácticamente el mismo.

El tercer lugar, las comisiones de las transferencias trans-nacionales correrán a cargo del emisor del pago, a menos que se regule específicamente lo contrario. En cuarto lugar, se procurará que los sistemas de pagos transfronterizos al por menor estén abiertos al mayor número posible de intermediarios financieros, a fin de evitar circuitos innecesarios que no hacen sino encarecer el producto.

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