La pesificación de tarifas y la decisión política de no actualizarlas detuvieron totalmente la perforación gasífera. Para Marcelo Martínez Mosquera -vicepresidente ejecutivo de Tecpetrol

es sencillo realizar la proyección a julio de 2003: si las cosas continúan como hasta ahora, el invierno entrante el país no podrá atender por completo sus necesidades de abastecimiento.

Si la lucha de intereses en torno de las tarifas gasíferas -que se enmarca dentro de un debate más amplio que incluye a la totalidad de los servicios públicos- se extiende por mucho más, quien suceda en la presidencia a Eduardo Duhalde posiblemente pase un invierno más crudo que lo acostumbrado, al que no le faltarán demandas judiciales, reclamos sociales y protestas de varios sectores empresarios.

Mezcla explosiva

Tiempo atrás, la Argentina exhibió un veloz y envidiable crecimiento en cuanto a producción gasífera, hecho que llevó al sector energético a abastecer no solamente el consumo local, sino también a comprometerse con el suministro al mercado externo. Ahora, la realidad es otra, y los números no cierran: dado que hoy no hay inversiones en perforación por su falta de atractivo económico, la proyección para el año que viene cae por su propio peso. Cuando llegue la fecha, el futuro Gobierno deberá decidir entre limitar el suministro a Brasil, Chile y Uruguay o no abastecer puertas adentro.
"Si cortan la exportación, el país dejará de percibir los dólares con los que nuestros vecinos pagan el fluido, y seguramente dejarán de considerar a la Argentina como un proveedor confiable, hecho que resentirá la demanda", explica Marcelo Martínez Mosquera, Vicepresidente Ejecutivo de Tecpetrol. "Por si fuera poco, el país va a tener problemas legales de todo tipo por incumplimientos en los compromisos de venta a los países limítrofes".
En la Argentina, la tarifa al consumidor final se compone por los números que aportan tres segmentos: gas en boca de pozo, transporte y distribución. Los dos últimos son supervisados por el ENARGAS, que es el único capaz de autorizar aumentos tarifarios que desde hace ocho meses se ha negado a conceder.
Los productores, en cambio, carecen de regulación estatal y sus valores se manejan, al menos en los papeles, según las reglas del mercado. Sin embargo, por más que se decidiese aumentar unilateralmente los precios boca de pozo -no hay herramientas legales que lo impidan- haría que las distribuidoras dejaran de comprar gas o quebraran por no poder traspasar el incremento al usuario final. Naturalmente, si se diera cualquiera de esas dos opciones el mercado interno quedaría desabastecido. "Debido a la situación de efervescencia que hay en el país, los productores decidimos no interrumpir el suministro del hidrocarburo pese a la pesificación compulsiva de su precio, mientras acudimos al Gobierno para que desista de su actitud", explica con cierta desazón Martínez Mosquera.
Así las cosas, ya no sólo se trata de la capacidad inversora de las empresas energéticas, dado que "la pesificación de las tarifas y de los contratos de venta en general hacen que todos los puntos de la cadena del gas hayan dejado de ser rentables".

Un destino

Para el ejecutivo, la devaluación castigó a unos productos y benefició a otros. Entre los últimos se encuentran, por ejemplo, el trigo, la harina y el pan. En cambio, el gas natural fue reciamente castigado. Sin embargo, "estamos a tiempo de evitar el desabastecimiento", explica. Su idea es permitir que el hidrocarburo encuentre su justo valor sin la intervención estatal y, de esa manera, se establezca un sendero de precios que tenga en cuenta una recuperación conforme a los valores internacionales. La cifra final debería dar, preferiblemente para el año entrante, un número cercano al 70% de su valor en dólares antes de la devaluación. Traducido: 80 centavos de la moneda americana por millón de BTU, una cifra que, según el directivo, todavía resulta en el contexto actual altamente competitiva tanto para la industria como para la generación eléctrica.
"Actualmente, el precio de nuestro gas natural (35 centavos) es el más bajo de todo el mundo. Es decir, diez veces por debajo de los EE.UU. y la mitad del de Venezuela, que siempre se ha caracterizado por brindar subsidios a ese sector", explica el ejecutivo. "Es preciso que comience a moverse ya. Hoy no hay ningún indicio al respecto, y por ende tampoco ninguna inversión".

La deuda

Recientemente, Tecpetrol acordó con un grupo de 14 bancos un nuevo paquete financiero a cinco años y medio que contempla pagos trimestrales de capital, una medida que, según explica el líder de la compañía, está perfectamente en condiciones de cumplir.
"Salimos en los diarios porque es muy difícil lograr hoy, en la Argentina, algún tipo de refinanciación acordada; los organismos de crédito ven en casi todas las empresas del país la imposibilidad de pagar ahora e incluso en el futuro", explica Martínez Mosquera. "Somos sólidos, y lo único que buscamos con esa maniobra es un reordenamiento que nos permita no hacer frente a pagos de capital durante 2002 y, de esa manera, nos facilite las cosas durante esta etapa de transición. A los bancos les cuesta diferenciar entre aquellas firmas saludables y el grupo de las que no gozan de esa suerte. El acuerdo que alcanzamos con ellos les permitirá, entre otras cosas, ocuparse de las empresas que realmente tienen problemas".

Inversiones, pero menores

La coyuntura actual de las empresas argentinas no impide que Tecpetrol se mantenga firme en cuanto a los desarrollos en los pozos petroleros de Colón, Venezuela, y en el área peruana de Camisea. En la Argentina los desembolsos serán destinados a la perforación petrolera en el Golfo San Jorge alcanzando una inversión aproximada de 40 millones de dólares. Enlace: Proyecto Camisea

"Es posible que si consiguiéramos dinero adicional en este país a tasas lógicas, o no existieran las retenciones de un 20% a las exportaciones de crudo, hubiésemos hecho algún trabajo adicional en San Jorge", reflexiona Martínez Mosquera. "Ahora tenemos dos equipos de perforación en el Tordillo, pero durante 2001 funcionaron cuatro". En otras palabras, se dejaron de invertir 30 millones de dólares anuales en la zona de Comodoro Rivadavia. Además, la empresa disminuyó casi en su totalidad las inversiones
en la Cuenca Neuquina y en Salta, donde posee actividades esencialmente gasíferas.

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