Para Marcelo Martínez Mosquera, el año 2002 puso en juego realidades muy diversas en cuanto a las industrias del crudo y del gas: mientras la primera tuvo un nivel de actividad aceptable, la segunda se desplomó.
 Su destino, según explica el ejecutivo, está atado al establecimiento de un sendero de precios a largo plazo.

Marcelo Martínez Mosquera comanda los negocios energéticos del Grupo Techint. Como trabajo cotidiano desempeña la presidencia tanto de Tecpetrol (productora de petróleo y de gas natural) como de la distribuidora Litoral Gas. Por si fueran pocas ocupaciones, también es director de TGN, la transportadora del fluido que abarca la mitad de nuestro país hacia el norte.
Esa cantidad de cargos le generan un volumen importante de trabajo, pero también le brindan una perspectiva integral del negocio energético, desde la boca del pozo productor hasta su llegada al cliente final. Desde esa posición, el directivo explica: “Si pretendemos llevar a cabo una conclusión certera sobre el comportamiento del sector durante el año 2002, es necesario escindir la reflexión en dos líneas: una vinculada con el petróleo; la otra con el gas, dado que ambos fueron afectados por realidades distintas”.
Para Martínez Mosquera, en el caso del crudo se puede hablar de un año razonablemente activo debido a que los precios se mantuvieron constantes. “Aunque el Gobierno haya impuesto un castigo –un 20% de retenciones- y de esa manera provocado una merma en las inversiones, hubo una compensación parcial porque la devaluación disminuyó algunos costos expresados en dólares en los desembolsos a nivel local”, reconoce.
La nota negra la da el gas natural. “Este año fue sumamente complicado, aún no se vislumbra ni siquiera una pequeña luz en el horizonte. La pesificación que prevalece en todos los ámbitos de la cadena, complica notablemente el horizonte futuro”, advierte. “Se detuvieron todas las inversiones en exploración y producción, mientras que sólo quedan en pie algunos desembolsos destinados a obtener gas para su exportación”.

Un comienzo de respuesta


Para el timonel de Tecpetrol, el Gobierno de Duhalde debería establecer un sendero de precios que resulte conveniente tanto para el servicio público como para la actividad en boca de pozo a partir de un acuerdo con las empresas. Entre otras cosas, esa iniciativa debería incluir, a su entender, una pauta destinada a amortiguar el golpe de los aumentos en los sectores de menores recursos. Esa propuesta, aclara, sólo sería útil en casos de que las alzas sean más importantes que los porcentajes que se manejan en la actualidad.
A su criterio, el camino que se ha recorrido hasta el momento –contener los aumentos para evitar que golpeen en los sectores menos pudientes- no fue el correcto. En cambio, propone que las alzas recorran toda la cadena del gas natural, y una parte de ese aumento se concentre en una cuenta especialmente dedicada a subsidios. En sus palabras: “Los aumentos deberían formar un fondo, en lugar de ser limitados por un supuesto interés en proteger a los sectores de menores recursos. Debería buscarse un precio razonable en términos internacionales, y tomar una parte de esa tarifa para destinarla a quienes lo necesiten. Por otro lado, hay que tener en cuenta que es muy poco el consumo de esa gente”.

Los futuros precios del Gas


¿Se empieza a notar la falta de mantenimiento en las instalaciones de transporte y distribución de gas natural?

Hay que observar tanto la situación técnica como la económica. La falta de inversiones producirá resultados negativos en la prestación a futuro.
Resulta claro que con la tarifa actual el servicio público no es rentable, y no se realizarán nuevas inversiones de reposición o nuevos proyectos. Por lo tanto, la calidad del servicio, a largo plazo, se va a deteriorar. La pregunta es en qué momento se hará evidente esa situación. Habrá que ver la realidad de cada empresa en particular, porque el impacto puede ser muy diferente.
Por otra parte, está la faceta económica. La mayoría de las licenciatarias tiene importantes deudas expresadas en dólares, hecho que hace que su situación sea insostenible. En algún momento eso se tendrá que resolver, porque con las tarifas congeladas en pesos y los pasivos en moneda americana las empresas se enfrentan a un futuro imposible.

¿Qué opina del tratamiento institucional del potencial aumento?

Más que una conversación racional sobre las tarifas en sí mismas y las ecuaciones económicas de las licenciatarias, el tema se manejó de forma política. De hecho, la oposición total al incremento en las circunstancias de la Argentina -donde hubo todo tipo de aumentos y la inflación mayorista está en el orden del 100%- sostener que las tarifas deben variar en un 0% es una posición extrema que responde a la demagogia política. En ese contexto, no hay lugar para ningún tipo de discusión sensata.

Todavía queda pendiente la renegociación integral de los contratos...

Desde hace mucho tiempo creo que esa tarea va a quedar para el próximo gobierno. Evidentemente, el actual no iba a tomar una definición concreta sino sólo un paliativo que permita extender la discusión hasta su sucesor. Hasta ese momento no se va a lograr una respuesta efectiva, y mucho menos de cara al calendario electoral que se avecina.

¿Qué opina de la actitud de los países vecinos tras la devaluación argentina, que pretendían una pesificación en las ventas de gas natural?


Lo he vivido. Las naciones limítrofes tienen precios a escala internacional y no hay ninguna razón para que una crisis como la que atraviesa nuestro país les permita obtener un beneficio. Los valores a los cuales vendemos tanto a Uruguay y a Brasil como a Chile son competitivos y fueron pactados en su momento. Lisa y llanamente, el hecho de que aquí estemos viviendo una etapa tan dura no implica que ellos deban sacar provecho. No es lógico que pidan el traslado de los precios internos.

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