Antes del comienzo de la Guerra de Irak, que el imperio de Rupert Murdock tanto ayudó a promocionar, éste explicaba los beneficios: “Lo mejor que puede salir de esto para la economía mundial, si se puede llamar así, sería un precio del petróleo de 20 dólares el barril”. Los precios del petróleo en Nueva York alcanzaron ayer casi los 40 dólares el barril, el precio del crudo más alto de los últimos 13 años.

Los que esperaban grandes beneficios económicos de la guerra estaban, desde luego, gravemente equivocados sobre cómo irían las cosas en Irak. Pero la desastrosa ocupación, es sólo una razón para que el petróleo esté tan caro; la otra, persistirá, incluso si encontramos la forma de salir de este cenagal; es la intensificación de la competencia por un mundo con suministros limitados de petróleo.

Gracias al desorden en Irak –incluyendo una campaña de sabotajes a los oleoductos, las exportaciones de petróleo todavía no llegan a los niveles previos a la guerra, por no hablar de los millones de barriles extra diarios que los más optimistas quieran calcular. Y las repercusiones de la guerra han asustado a los mercados, que ahora temen ataques a las instalaciones de Arabia Saudita y están comenzando a preocuparse por la radicalización en todo Oriente Medio. (Fue interesante ver a la gente que aplaudía el liderazgo de George Bush en la guerra contra el terror, llegan a la tardía conclusión de que el Sr. Bush le ha dado a Osama Bin Laden exactamente lo que deseaba).

Incluso aunque las cosas hubiesen ido bien, Irak no podría habernos ofrecido un petróleo barato durante más de dos años, como mucho, porque los EE.UU. y otros países avanzados están compitiendo por el petróleo con las economías emergentes de Asia.

El petróleo es un recurso finito; no se han descubierto grandes campos desde 1976 y los expertos sospechan que no queda nada por encontrar. Algunos analistas sugieren la producción mundial ya está cerca de su cenit, aunque la mayoría dicen que el progreso tecnológico, que permitirá una mayor explotación de fuentes conocidas, como las arenas bituminosas de Canadá, harán que suba la producción, durante una o dos década más. Pero el dato de la fecha concreta de la producción no es la verdadera cuestión esencial.

La cuestión es, sin embargo, cuándo las tendencias de los precios del petróleo tomarán un rumbo decisivamente ascendente. Este rumbo es inevitable, cuando una economía mundial en crecimiento se enfrenta a unos suministros limitados. ¿Y cuando sucederá? Quizá ya haya sucedido.
Se, desde luego, que tales predicciones ya se han hecho antes, durante la crisis energética de los 70. Pero el final de esa crisis se ha malinterpretado de forma generalizada: los precios cayeron, no porque el mundo encontrase nuevos recursos, sino porque encontró nuevas formas de hacer las cosas con menos.

Durante los 80, el consumo del petróleo cayó en todo le mundo, como consecuencia de los efectos retardados de la crisis energética, lo que nos llevó a coches más eficientes, mejores aislamientos en las casas y demás. Aunque el crecimiento económico condujo a una recuperación gradual, sólo en 1993, el consumo mundial de petróleo llegó a superar ligeramente el que hubo en 1979. En los EE.UU. el consumo de petróleo no llegó a los niveles de 1979 hasta el año 1997.

Desde entonces, sin embargo, la demanda mundial ha crecido rápidamente: el consumo diario mundial de petróleo es 12 millones de barriles superior a lo que era hace una década; aproximadamente, la producción combinada de Arabia Saudita e Irán. Parece que el vínculo amoroso de los EE.UU. con los coches que devoran gasolina, con todo lo miope que resulta, no es el principal culpable: los grandes aumentos de la demanda provienen del crecimiento espectacular de los países en desarrollo. China, en particular, todavía consume sólo el 8 por ciento del petróleo mundial, aunque es responsable del 37 por ciento del aumento del consumo mundial de petróleo, de los últimos cuatro años.

El conflicto entre una demanda mundial de crecimiento rápido y una oferta mundial limitada es la razón por la que el mercado del petróleo es tan vulnerable a las sacudidas. Puede que salgamos de este mal trago y que el petróleo caiga de nuevo hacia el nivel de los 30 dólares. Pero si esto sucede, será sólo un respiro temporal.

Es una ironía. Últimamente hemos oído hablar mucho de la competencia de la fabricación china y de los centros telefónicos de llamadas hindúes. Pero existe un tipo diferente de competencia –la disputa por el petróleo y otras materias primas, como el oro- que representa una amenaza mucho mayor para nuestra prosperidad.

¿Qué podemos hacer? He aquí un consejo: no podemos perforar ni conseguir resolver el problema. Hagamos lo que hagamos, los precios subirán. Lo que tenemos que hacer es adaptarnos.

http://www.nytimes.com/2004/05/07/opinion/07KRUG.html

Crisis Energética

Siendo extraordinariamente importante el artículo de The New York Times de 7 de mayo, porque ya reconoce públicamente que el petróleo se acaba y esot es un verdadero indicio del caos que se está instalando en la sociedad más opulenta del mundo, enfrascada en una guerra, energéticamente perdida, según confiesan ahora indirectamente ahora, todavía merece algún comentario.

The New York Times sigue insistiendo que lo importante no es cuando se llegue a un cenit que sabe inevitable, sino cuando los precios del petroleo comenzarán a dispararse. No se atreven a decir abiertamente, aunque sí lo dicen de forma indirecta, que lo que hay ya, son indicios de esta subida para jamás volver a bajar. Hoy ya rezan en sus mezquitas integristas del consumo, porque el petróleo vuelva a los 30 dólares el barril. Si esto no es integrismo fundamentalista, poco le falta.

Después, admitiendo que el problema no es sólo la guerra y la producción iraquí (que admiten sólo les resolvería un problema temporal, incluso si los iraquíes se hubiesen puesto a donar el petróleo con fervor y con unción a los EE.UU., echan la culpa a los “países emergentes en vías de desarrollo”, y en concreto a China, a la que culpan, curiosamente...¡de intentar emular el propio sistema de vida estadounidense! Para The New York Times, el problema no está en que ellos, el 5% de la población mundial, ya consuma el 29% de la energía mundial, sino en que el 20% de la población mundial, que consume apenas el 9%, quiere ser como ellos. Y eso no puede ser, claro. Ese es el problema para The New York Times.

Es de señalar la humilde conclusión final: tendremos que adaptarnos a un mundo con cada vez menos petróleo. Eso sí es una gran novedad, en el periódico abanderado del capitalismo mundial. Cambian los tiempos. Si yo fuese el ángel exterminador y los lectores fuesen Lot, el consejo que habría que dar es que saliesen corriendo de esta Sodoma, que ya no aguanta más y abandonasen los sectores terciarios, pasaran como alma que lleva el diablo por los sectores secundarios, y no dejasen de correr hasta encontrarse bien metidos en el sector primario, lo más lejos posible de este mundanal ruido. Sin recoger ni los bártulos y desde luego, sin pararse a mirar hacia atrás a echar un vistazo a lo que fue esta civilización. Tanto progreso y acabamos citando al Génesis de la Biblia. Vivir para ver.

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