Nuevas preguntas surgen en el ámbito petrolero mundial tras el éxito bélico de los EE.UU. en Medio Oriente. 
Para echar luz sobre algunas de esas cuestiones, Daniel Montamat, ex secretario de Energía y actual consultor, asegura que la apertura de las reservas iraquíes reducirá el poder de la OPEP, pero explica que para evitar movimientos bruscos en los precios deberán aparecer mecanismos complementarios a los de la organización.

Antes de la guerra, la producción petrolera iraquí había alcanzado 1,9 millones de barriles diarios. Sin embargo, sus reservas probadas y potenciales alcanzan guarismos mucho más importantes: 112 mil millones y 250 mil millones de barriles respectivamente.
Si se realizan inversiones aproximadas a los 30 mil millones de dólares, la geología de ese país permite, según explica Daniel Montamat, alcanzar una explotación de entre 5,5 a 6 millones de barriles en un lapso de tres a cinco años.
Para el analista, la maximización de la producción en ese país plantea dos grandes interrogantes. En primer término, resta saber cuáles serán las reglas de juego que se utilizarán en la convocatoria de la nueva inversión y, por otra parte, cómo incidirá en el funcionamiento de la OPEP una apertura del negocio petrolero a las inversiones privadas.

Si se pone en relación la realidad geológica de Irak con el panorama político del país a poco de haber caído el férreo régimen de Sadam Hussein, es posible advertir que EE.UU. intentará limitar la injerencia del grupo de grandes productores en la formación de precios a nivel mundial.
Resulta claro que el país del Norte es fuertemente dependiente del crudo, y por ese motivo necesita un suministro seguro y con precios adecuados. En ese sentido, la excursión bélica a Irak puede leerse como el principio de un intento por ahorrar sobresaltos en su economía a partir de la estabilización -en esta materia- de la región.
Entre otras cosas, el éxito de sus objetivos depende de cuánto pueda independizarse de la voluntad de los grandes productores. Un primer paso en esa dirección estaría dado con el sólo hecho de llevar a cabo el proceso de apertura de las reservas iraquíes, dado que “dificultaría la discusión y la asignación de cuotas”, recuerda Montamat. Pero adelanta: “Para que el petróleo mantenga cierta estabilidad y se eviten movimientos bruscos, van a surgir mecanismos que sustituyan o complementen la acción de la organización. El tema en discusión será el nivel de precios al que se negocie la estabilidad”.

¿Cómo cree que se comportará la OPEP en un mediano y largo plazo?

Todo país que abre sus reservas a la inversión privada tiene serias dificultades para regular su oferta interna en función de compromisos de cuotas con la organización. En el año 2000, la OPEP tuvo una intervención efectiva en el mercado cuando redujo su producción en 5 millones de barriles/día. Chávez alineó a PDVSA en el cumplimiento de ese compromiso y la disciplina del cártel logró restablecerse.
Históricamente, el orden de la organización se relaja cuando la economía mundial entra en recesión y, como consecuencia, cae la demanda petrolera. En esas circunstancias el rol de Arabia Saudita como principal productor es clave para disciplinar el mercado. Si esa nación no cierra el grifo, los precios se desploman (pasó en 1986 y en 1998).
El problema ahora es el futuro comportamiento de Iraq. Si ese país llega a producir 6 millones de barriles/día, de aquí a unos años va a haber un necesario reacomodamiento en la cuotificación de la producción, y si Arabia Saudita no cede, en épocas de vacas flacas para la economía mundial, podría llegarse a situaciones de guerra de precios que son nocivas tanto para productores como para consumidores.
A mi entender, habría que explorar nuevos mecanismos de estabilización de los precios, donde intervengan fuertes productores No-OPEP, y aceptar una realidad cercana a los 20 dólares el barril. Ese número es más compatible con una mayor apertura de las reservas de Medio Oriente a inversiones privadas y con la necesidad de empezar a internacionalizar los costos ambientales de la emisión de combustibles fósiles.

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