Desde la Cámara de Empresas de Operaciones Petroleras Especiales (CEOPE) aseguran que la actividad vinculada con los servicios para la industria atraviesa un buen momento a pesar de la crisis. 
Pero también advierten sobre las consecuencias que pueden derivarse de un mayor intervencionismo estatal en un sector que hasta ahora funciona de manera aceitada.

Indudablemente el sector petrolero tiene su propias reglas de juego, y por lo general es independiente de la suerte que corra el país. Es por eso que a pesar de la crisis argentina, las empresas de servicios vinculados con esta industria siguen operando a pleno.
Los actuales precios del petróleo, la presencia de jugadores internacionales en el ámbito local y la desregulación del mercado, contribuyen para que la industria mantenga un nivel de actividad más aceptable que el de otros sectores económicos”, explica Ernesto Neme, presidente de Bolland, una de la compañías más emblemáticas del sector de servicios, y titular de la cámara que las nuclea. “Por eso espero y confío en que se respeten las reglas de juego que se han establecido, se organice la actividad a través de una Ley de Hidrocarburos razonable, y no se destruya algo que está funcionando adecuadamente”.

¿Cómo repercutió en la actividad el congelamiento de los precios del gas natural?, preguntamos al titular de la CEOPE.
Obviamente, la pesificación y el congelamiento de las tarifas de gas juega en contra del desarrollo de la actividad de las empresas de servicios relacionadas con el sector. Pero se trata de una de las cosas no resueltas por el gobierno de transición, que debería ser encarada inmediatamente por las nuevas autoridades. En ese sentido, confiamos en que así será, ya que hoy por hoy en el área gasífera hay poca actividad, no se perfora como antes y hay menos inversiones.

¿Qué opina del acuerdo alcanzado entre las petroleras y el Gobierno para abastecer a las refinerías con un barril de crudo a 28,5 dólares?

Es una solución ingeniosa y beneficiosa que cumple con los objetivos de ambas partes, pero lo lógico sería que haya un libre juego de oferta y demanda, así como también de precios.
Ocurre que es una medida vinculada con el valor del petróleo, y como tal, podría superar el límite establecido y echar por tierra la ecuación. Pero si los actores continúan trabajando con ese grado de imaginación es posible que puedan hallar otra solución saludable para las partes.

¿Cuáles son los principales problemas que enfrentan actualmente las empresas de servicios vinculadas con el sector energético?
Algunos inconvenientes domésticos, menores en comparación con los de otras industrias. Básicamente, me refiero al nivel de actividad fluctuante y a alguna que otra demora en la renegociación de precios para trasladar los ajustes a las tarifas. Pero en una mirada macro, son problemas solucionables que sólo requieren trabajo interno.

¿Es optimista respecto del nuevo Gobierno?


Soy razonablemente optimista, ya que siempre un cambio trae aparejadas nuevas expectativas. Por otro lado, confío en que no se dañe a un sector que funciona y tiene la potencia necesaria como para producir un mayor valor agregado que el que hoy genera y pagar más impuestos. Sólo deben respetarse las reglas de juego, y demostrar algún pequeño incentivo. No se necesita mucha magia para que el sector responda. Lo peor que podría pasar es que la industria sufra algún tipo de ataque que repercuta en una menor actividad. Es el caso de medidas de emergencia como el intervencionismo, la fijación de impuestos desmedidos o la continuación de las retenciones a las exportaciones, que en algún momento tienen que terminar.

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