Fiel a la política que aplica desde hace tiempo, la organización de exportadores de crudo intentará mantener el barril entre 22 y 28 dólares. Sin embargo, desde allí aseguran que no pueden velar por otras causas que también afectan los precios pero son ajenas al organismo, y piden la renovación de algunas reglas de juego para que todos los actores de la industria trabajen en una misma dirección.

Alvaro Silva Calderón -secretario general de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)- es un hombre de diálogo agradable que con los años aprendió a esbozar comentarios verdaderamente trascendentales sin perder la tranquilidad en el habla. De esa manera, explica una y otra vez que tanto los medios de comunicación como otras entidades se equivocan al definir a la OPEP como un cartel. “En realidad, suele decir, no se trata de una entidad que actúa en las sombras, sino que es un organismo transparente, constituido desde hace tiempo y con objetivos específicos: permitir que los países nucleados bajo su órbita puedan sacar el mejor provecho de sus recursos naturales y, al mismo tiempo, colaborar con la estabilidad mundial en el abastecimiento de crudo”.

Problemas de la canasta de los precios del crudo.


Para limitar la volatilidad de los precios, la OPEP estableció en el año 2000 una banda de precios que va desde los 22 hasta los 28 dólares por barril de crudo. Por encima o debajo de esos valores, la organización podría decidir automáticamente reducir o incrementar su producción, que hoy alcanza, entre los once países que la componen, a 21,7 millones de barriles por día. “El clima de la economía actual permite afirmar que un precio de 25 dólares es a la vez adecuado y sustentable”, explica Silva Calderón. En efecto, muchos sectores no productores pero vinculados con la industria destacaron la viabilidad de esa cifra.
Según los cálculos de la organización, “en términos nominales nuestra canasta se mantendrá durante la próxima década dentro de los parámetros estipulados por la banda”. Se prevé que con posterioridad responda también a indicadores inflacionarios.
El directivo destaca dos conclusiones importantes que pueden obtenerse a partir de esos datos. En primer lugar, existe la confianza de que el crudo disponible será suficiente -tanto por parte de los países de la organización como de aquellos que están afuera- para asistir a la demanda. Esto garantizará que no haya grandes presiones en los precios. Sin embargo, esas cifras son consistentes en un mercado estable, pero no suficientes como para generar cantidades adicionales de petróleo provenientes de los países que no integran directamente la organización.


Las proyecciones de crecimiento en la economía mundial que maneja la OPEP son verdaderamente alentadoras: entre un 3,3 y un 3,5 % anual durante las próximas dos décadas. La lógica indica que esos números también implicarán un fuerte aumento en la demanda de energéticos, sobre todo de petróleo.
Aunque en el futuro los recursos renovables, se sabe, desempeñarán un papel cada vez más importante, y el progreso tecnológico alterará la matriz energética actual, no es menos cierto que los combustibles fósiles tienen larga vida. “Al menos durante los próximos diez años el crudo tendrá un lugar destacado en cuanto a la satisfacción de la demanda energética mundial”, asegura Silva Calderón. En ese contexto, la OPEP no desconoce su lugar: “Contamos con un 76% de las reservas probadas a nivel mundial. Jugaremos durante los próximos años un rol fundamental, tanto en el abastecimiento de los ingentes requerimientos como en la estabilidad que daremos al mercado”.

Para concretar la infraestructura necesaria con vistas a abastecer la demanda, los países exportadores requieren un nivel de inversión acorde a sus responsabilidades. Por ese motivo decidieron últimamente abrir las puertas del upstream y permitir el ingreso de petroleras internacionales. Esta tendencia ocasiona, para Silva Calderón, algunos efectos positivos, dado que posibilita a esas naciones acceder a la última tecnología en materia petrolera. Pero también genera algunas inquietudes que merecen atención: “Es importante asegurar a los productores el ejercicio de sus derechos soberanos sobre sus recursos naturales”. En pocas palabras, el secretario general de la OPEP pone el acento en dos puntos: los países miembro deben siempre tener la posibilidad de regular su cuota de producción y, consecuentemente, asegurar que los precios se mantengan estables dentro de niveles razonables. Para lograr ese objetivo, Silva Calderón considera necesario establecer nuevos tipos de relaciones entre todos los actores involucrados.
Por otra parte, también es preciso asegurar que la inversión privada sea correctamente situada: “La competencia excesiva por la obtención de capital extranjero entre los productores puede reducir drásticamente su nivel de rentabilidad y las regalías que reciben por la explotación de sus reservas”, advierte el directivo.

El opep quiere estabilizar la cotización del crudo

En el interior de la OPEP, no hay miembros que desconozcan el rol fundamental que juega la organización en relación con el abastecimiento energético mundial, y se muestran responsables por el papel que deben cumplir en tanto proveedores confiables. Sin embargo, también reconocen que hay otros factores -más allá de la propia especulación del mercado- que desestabilizan la situación y están fuera del control del organismo. Uno de los grandes temas a considerar en ese aspecto es la fuerte carga impositiva que afecta a los consumidores, por ejemplo, del viejo continente, que en 1999 alcanzó un 65% del costo del barril. “Los mayores problemas se dan en el sector del transporte”, explica Silva Calderón. “Esto ocasionó protestas generalizadas en esa región hace dos años, hecho que permitió situar el problema en el centro del debate”.
Más allá del estado actual de las cosas en el mundo del petróleo, el secretario general de la organización de países exportadores considera necesario planificar una serie de cambios a futuro. “Estoy contento de que muchos jugadores asociados con la industria compartan nuestra manera de pensar en cuanto a que un mercado estable y con precios equitativos es beneficioso tanto para los productores como para los consumidores, las empresas y los inversores”, explica. Pero aclara: “Todavía tenemos que consolidar y extender el diálogo entre las diversas partes. Y encaminarnos en una misma dirección. Esto va a requerir de una revisión tanto de los contratos como de los tratados -incluso de las leyes-, para hacer un proceso de negociación más transparente que, finalmente, nos beneficiará a todos”.

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