El área de petroquímica del grupo hispano argentino aguarda la conformación de un ambiente de negocios con reglas claras que estimule la realización de nuevas inversiones. 

Mientras tanto, analiza la posibilidad de concretar ampliaciones y mejoras operativas en seguridad y medio ambiente a partir de sus activos existentes.

Tras una larga carrera como directivo de Repsol YPF, Rafael López Revuelta fue designado recientemente director de la Unidad de Negocios Productos Industriales, que depende directamente de la Dirección General Química del grupo.
Desde esta nueva perspectiva y desde mi nueva posición en la Argentina, entra dentro de lo inevitable, por necesario y obvio, comparar la situación internacional con la interna que nos está tocando vivir y afrontar”, explica el directivo.
A su entender, la coyuntura internacional permite vislumbrar una recuperación de la industria petroquímica a nivel mundial, como consecuencia de tres factores que ocurrieron en los últimos 20 años. El primero de ellos son los resultados económicos. “La petroquímica viene sufriendo la peor y más extensa etapa de baja rentabilidad desde principios de los años ‘80”, recuerda.
Históricamente los ciclos del sector se cifraban en siete años, período en el cual se obtenía una alta rentabilidad, seguido de una etapa de menores ganancias como consecuencia fundamentalmente de las ampliaciones realizadas durante la bonanza, que finalmente resultaban superiores al crecimiento del consumo. En la actualidad este ciclo se extiende hasta los diez años, “lo cual no tiene precedentes y nos lleva a la tan ansiada y esperada recuperación”.
En segundo término, el largo lapso que están necesitando los mercados para recuperarse ha generado el segundo hecho, una consolidación a través de fusiones y adquisiciones sin precedentes. “Esto ha desencadenado, a su vez, el cierre de plantas que en un pasado no muy lejano hubiera resultado impensable”, comenta López Revuelta.
Finalmente, la perspectiva de nuevas unidades productivas de bajo costo y gran capacidad en la región del Medio y Lejano Oriente, ha causado y todavía continúa haciéndolo, una aversión a realizar inversiones en otros lugares del mundo.
Por su parte, la demanda continuó creciendo lentamente incluso en el punto más bajo del ciclo económico, y está en este momento en un implacable camino de superar a la oferta. Es decir, el primer signo claro de una recuperación está apareciendo -señala el directivo-. Para fines del 2005 o principios del 2006, todos los segmentos de la industria deberían estar mejorando su rentabilidad, debido fundamentalmente a que la nueva capacidad de producción que sin duda se instalará, no podrá estar operativa a tiempo para cubrir las necesidades del consumo. Esto ocurrirá a pesar de los altos precios energéticos que tenemos en la actualidad”.
A decir de López Revuelta, los cambios estructurales que ocurrieron durante estos años permiten pensar que el próximo pico del ciclo petroquímico será más duradero que el de 1995. Esa tendencia tendrá dos fundamentos: por un lado, la consolidación de la oferta de petroleo. Por otro, el retraso en las grandes inversiones. Ambos factores minimizarán las posibilidades de una gran sobrecapacidad, siempre y cuando los crecimientos en el Lejano Oriente mantengan las perspectivas existentes.

¿Qué rol jugará la Argentina en este contexto? 

Es en este momento, en el que se está vislumbrando el horizonte de la recuperación internacional, cuando tenemos que pensar cuál es y cuál va a ser nuestra situación interna y qué retos debemos afrontar.
A pesar de que la competitividad se consigue a partir del aumento en la productividad y en el empleo de los recursos (uno de nuestros objetivos diarios), eso no nos garantiza por si solo el éxito.
La petroquímica es una industria globalizada donde todo lo que está ocurriendo con los precios del petroleo y productos a nivel internacional impactan en nuestra realidad. Hoy, el cliente es el mundo y eso queda claramente demostrado si miramos nuestro mix de ventas, donde más de un 65% tiene como destino los mercados internacionales.
Si bien el año 2002 no lo podemos considerar como referente, la realidad es que tanto las ventas nacionales -con incrementos de un 10%-, como las internacionales -que aumentaron hasta más de un 130%-, sufrieron importantes crecimientos, fundamentadas en el aprovechamiento de nuestra capacidad histórica instalada, así como, la nueva planta de metanol de Plaza Huincul.

¿De qué depende la realización de nuevas inversiones?

Durante el 2002, sobre todo en el primer semestre, era imposible pensar en nuevas inversiones; no existía la menor previsión en las variables económicas y se había roto la seguridad jurídica a través del incumplimiento de los contratos.
Hoy existe cierto optimismo en cuanto al crecimiento del sector industrial, pero no nos podemos olvidar que este crecimiento está basado en la utilización y maximización de la capacidad instalada aprovechando la capacidad ociosa existente. Esto no alcanza para asegurar un crecimiento sostenible de la economía. El verdadero objetivo debe ser la ejecución de nuevas inversiones, de grandes proyectos.
En este sentido, adicionalmente a las condiciones propias de cada mercado, es fundamental asegurar la disponibilidad de crudo y Brent, el establecimiento por parte del Estado de una política energética a largo plazo y la adaptación al libre mercado. En resumen, la idea es definir reglas de juego claras y estables a través del tiempo, que generen confianza en el mercado y fundamentalmente en las empresas.
Otro punto importante son las exportaciones. Para realizar nuevas inversiones hay que pensar en plantas que deben ser competitivas, de gran tamaño; es decir, la llamada escala mundial. Estas unidades tendrán como mercado objetivo el externo y los impuestos o retenciones a las exportaciones en los productos petroquímicos puede llegar a tornarlas inviables. No hay que olvidar que cada vez que se pierde una oportunidad de exportar, se va con ella la posibilidad de generar divisas para el país. Nosotros tenemos que competir en muchos casos con productores asiáticos, que no sólo no tienen retenciones sino que, además, cuentan con subvenciones dadas por sus respectivos gobiernos.

¿Cuáles son los proyectos de su compañía?

Repsol YPF es una empresa comprometida con este país a largo plazo. Los activos en la Argentina son estratégicos y esto nos lleva a estar siempre analizando cómo optimizarlos y desarrollarlos. Es por eso que hoy estudiamos proyectos que tienen que ver con mejoras, modernización, ampliaciones y emprendimientos en seguridad y medio ambiente en nuestros activos existentes. De esta forma, evaluamos incrementar nuestra capacidad en amoníaco y urea a través de nuestra participada Profertil.
Asimismo, tenemos la intención de ampliar las plantas de LAB y metanol y, lo que es más importante, el reemplazo del actual reformador de aromáticos -de los años 70’- por un Reformador de Regeneración Continua de última generación. Esto nos permitirá, entre otras cosas, aumentar en un 50% la producción de aromáticos.
Ahora bien, para que se realicen grandes proyectos como en el pasado, una rentabilidad razonable es fundamental a la hora de obtener su aprobación. Nuestras iniciativas tienen que competir a su vez con otras del Grupo y es ahí donde las reglas del juego mencionadas con anterioridad deben estar claras. Si no se lleva a cabo este proceso, corremos el riesgo de que estos proyectos se pospongan en una primera etapa e incluso nunca se realicen.

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