La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) señaló con meridiana claridad que su objetivo es defender un precio mínimo de 60 dólares por barril

Con un recorte mayor de lo esperado de 1,2 millones de barriles al día (mb/d) y la amenaza de otra rebaja en diciembre de alrededor de 500.000 b/d, el mensaje del cártel desde Doha (Qatar) es de dureza y determinación.

Y también de activismo. El cártel ha ajustado su producción en 18 ocasiones en los seis años desde 2000. En cambio, sólo hizo diez ajustes durante toda la década de los noventa.

Ese activismo está dando frutos. "Los recortes de producción de la OPEP han logrado su objetivo de subir el precio del petróleo en el 70% de las ocasiones", dice Michael Lewis, analista de materias primas de Deutsche Bank en Londres. Lewis cree que el precio del petróleo se mantendrá alrededor de 60 dólares a corto plazo.

"Hay un nuevo suelo para el precio del petróleo: 60 dólares por barril", asegura en una entrevista el ministro venezolano de Energía, Rafael Ramírez. "No vamos a permitir que el precio se desplome; recortaremos rapidito", añade.

Y aunque es pronto para afirmar que el cártel tendrá éxito en esta ocasión, muchos analistas creen que, al menos, la OPEP ha recuperado el control de la situación.

"El recorte de la OPEP de 1,2 mb/d es una declaración de intenciones", dice Simon Wardell, de Economics & Country Risk Solutions | IHS en Londres. Y John Hall, de la consultora John Hall Associates, añade: "Por ahora, el precio del petróleo se mantendrá alrededor de los 60 dólares". No obstante, advierte que todo dependerá de si la OPEP cumple lo prometido.

La otra señal de la seriedad del cártel es las condiciones en las que se ha orquestado su reunión y el recorte. Celebrar una reunión en medio del mes sagrado musulmán del Ramadan supone un gran esfuerzo para una organización dominada por países musulmanes (sólo Venezuela y, en parte, Nigeria no lo son).

Y el recorte llega a sólo tres semanas de las elecciones legislativas en EEUU, y pese a la petición pública de Washington de que no se llevase a cabo. En cierta medida, para países como Kuwait y Arabia Saudí, lo aprobado esta madrugada en Doha equivale a una bofetada en la cara del gobierno de Estados Unidos.

La clave para los próximas semanas será el grado de cumplimiento de los recortes. Si las cifras de producción de octubre y noviembre sugieren que la OPEP, de hecho, está reduciendo el bombeo, los precios se mantendrán altos. Si muestran que el cumplimiento es sólo parcial, la cotización del crudo podría bajar.

Pero hay muchas indicaciones que apuntan a que la OPEP cumplirá. Las delegaciones más importantes mostraban en Doha una verdadera preocupación por el elevado nivel de inventarios de crudo en EEUU (alrededor de un 8% por encima del nivel del año pasado, que ya se consideró alto) y por la desaceleración de la demanda.

El cártel, además, tiene otro problema. Un recorte de producción implica que la capacidad de bombeo excedentaria (el colchón con el que afrontar imprevistos de oferta, como el corte de las exportaciones de Irán) aumenta. Con un colchón mayor, las tensiones geopolíticas no se traducirán en una gran prima geopolítica sobre el precio.

Por el momento, el mercado parece centrado en que el recorte reducirá el suministro y, por tanto, la acumulación de inventarios. Y el precio refleja ese sentimiento. Tanto el crudo Brent como el West Texas Intermediate ha recuperado los 60 dólares por barril.

El riesgo para el grupo es que un encarecimiento del petróleo provoque un alza de la inflación, forzando a los bancos centrales a subir los tipos de interés, lo que dañaría tanto el crecimiento económico como la demanda de petróleo.

Pero Ramírez, un tradicional halcón dentro de la OPEP, no cree que el cártel vaya a matar la gallina de los huevos de oro. "La economía mundial ha estado conviviendo sin mayor problema con un precio del petróleo por encima de 60 dólares este año", asegura.

Venezuela tampoco cree que la OPEP haya perdido credibilidad ante el mercado por la falta de acuerdo sobre la letra pequeña del recorte durante los últimos diez días. "No ha habido caos: en dos semanas, tras hablar por teléfono entre nosotros, hemos sido capaces de ponernos de acuerdo, montar una reunión en medio del Ramadan, y aplicar el recorte", dice.

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