Tras las últimas evidencias que nos muestran como aparece por el espejo retrovisor el cenit del petróleo, los gobiernos y las empresas gigantes del sector se lanzan sobre la última oportunidad.

No es una panacea, pero es lo que queda: petróleos extra pesados de la faja del Orinoco en Venezuela; teórico recurso repartido en 55.000 kilómetros cuadrados y que guardan alrededor de 1,3 billones de barriles, de los cuales se extraen un 5% actualmente y que con procedimientos de dudoso rendimiento energético y ecológico, como la inyección de vapor podrían llegar al 20% recuperable. Las cifras de producción actuales son de unos 600.000 b/d, más que modestas, teniendo en cuenta las reservas tan 'enormes'.

Pero claro, en el país de los ciegos el tuerto es el rey y aunque catalogado como petróleo degradado, es mejor que nada, pobre río Orinoco, sus indígenas, y su entorno...

Pues de todo este recurso el gobierno de Venezuela ha hecho otro cambio legal para controlar el 60% del negocio y ha desecho contratos y concesiones anteriores con las super petroleras, en otro paso de su política de populismo. Veremos en que queda tanto proyecto de cambio de tipo de gestión, las inversiones, los riesgos y los dudosos beneficios lo hacen una difícil apuesta en una aventura con muchos elementos en contra.

Por otro lado, la Noruega Statoil ha adquirido por 1.700 millones de euros la compañía canadiense, NAOSC, especialista en la extracción de petróleo de las arenas bituminosas del estado de Alberta, nos lo cuentan en las noticias de Euronews. El principal motivo es la propia supervivencia de Statoil cuya producción de petróleo no ha cesado de caer en los últimos años hasta situarse en 2.730.000 barriles. La extracción de crudo en las plataformas de alta mar está llegando a sus límites, mientras la adquisición de concesiones en el Medio Oriente o Rusia presentan problemas tanto financieros como políticos. De todas formas la extracción de petróleo de las arenas bituminosas del Athabasca no son ninguna bicoca, las inversiones son millonarias, el TRE es muy bajo, los problemas medioambientales son tremendos, y los riesgos físicos y empresariales son muy grandes. Al menos la seguridad política parece compensar parte de la operación. De todas formas estamos abocados a buscar en lo que queda y nadie desprecia bocado por difícil que lo pongan.

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