A entender de Diego Guichón, titular de la Dirección Nacional de Economía de los Hidrocarburos de la Secretaría de Energía, es tiempo de analizar la situación de los diferentes sectores, revisar los precios y ajustarlos con vistas a asegurar la sustentabilidad de las operaciones en el largo plazo.

La crisis del sector externo en la Argentina se comenzó a gestar en 1999. De hecho, 1998 fue el último año de crecimiento del PBI, con el agregado de que la subsiguiente caída de los ingresos fue acompañada por saldos negativos del balance comercial. Esta situación derivó en una restricción o, cuanto menos, en una importante dificultad de accceso a los mercados internacionales de capital, que terminó -a fines de 2001- en una desenfrenada fuga de depósitos y en una crisis del sistema financiero y cambiario.
Según explica Diego Guichón, director nacional de Economía de los Hidrocarburos, la suerte de un sector está íntimamente ligada a las condiciones macroeconómicas de su país. “Cuando una nación sufre una debacle en su sistema de intercambio con el exterior hay dos vías de solución posibles: recurrir a cambios en el endeudamiento y, cuando esto deja de ser factible, en forma inevitable se llega a una devaluación”.
Es evidente que, para que esa última medida tenga algún efecto y facilite la recomposición económica es necesario que el tipo de cambio aumente más que los precios internos o que algunos de ellos. De esta manera se hace posible eliminar los números rojos del balance comercial, aun cuando queden distintos aspectos pendientes como el tratamiento de activos, pasivos y contratos en moneda extranjera, que son, precisamente, los temas que en la actualidad están en tratamiento en nuestro país.

La recuperación del comercio exterior comenzó a ser percibida en el 2002. Al año siguiente las cifras que denotaban el crecimiento eran aún más promisorias, y para el 2004 se tienen iguales expectativas. Sin embargo, es dable destacar que en este periodo lo que en realidad se logró fue la recuperación parcial de lo perdido. “De todos modos, esa situación es la que nos posibilita afrontar los proyectos que requiere el desarrollo. Si consideramos que la devaluación argentina fue del orden del 190% tomada hasta marzo del 2004, y que el incremento de los precios internos alcanzó hasta el mismo mes un 116%, es una muy buena señal que ya en el 2003 se lograra detener el alza del tipo de cambio y que el índice de precios mayoristas prácticamente se estabilizara”, comenta el funcionario. Y aclara: “de no haberse producido esas variaciones en los precios relativos, la crisis hubiera continuado y el proceso inflacionario se hubiera mantenido. La Argentina tiene la suerte de estar logrando, durante este año, términos de intercambio en su comercio internacional particularmente favorables. De hecho, de acuerdo con las cifras oficiales, son los mejores de las dos últimas décadas. Como resultado de lo acontecido a nivel macroeconómico se produjo un ajuste del tipo de cambio real, y la recomposición de los flujos de crecimiento de la economía y de la balanza comercial”.

Cuestiones pendientes

Evidentemente queda una agenda muy significativa de temas a tratar. En primer lugar, la problemática de los activos, pasivos y contratos en moneda extranjera, así como el análisis detenido de los precios que han quedado rezagados a consecuencia de la modificación sufrida por el tipo de cambio real. Esa revisión debe corregir los valores a fin de permitir la sustentabilidad a cada uno de los sectores. Claro está, se trata de resultados que, en el momento de tomar las decisiones y en medio de una crisis, no pueden preverse.
Como producto de estos avatares, tenemos por delante un período de transición para responder a la transformación acontecida en el comportamiento de las inversiones”, explica Guichón. “Creo que si algo se puede aprender de la experiencia argentina es que no siempre es posible sustraer al sector energético la crisis que sufre la macroeconomía de un país.
Pese a que nuestra nación atravesó situaciones difíciles durante los años ’90, tales como el efecto Tequila y otros conflictos tanto económicos como políticos que afectaron la contabilidad de los grandes números, en muchos casos se pudieron afrontar con cambios en el nivel del endeudamiento externo y, por ende, no impactaron demasiado, al menos en forma drástica o directa al sector de la energía. Pero cuando se sufre una crisis de la magnitud de la del 2001, es muy difícil y hasta socialmente imposible sustraer a un sector de la misma”.
En este sentido, el director de Economía de los Hidrocarburos de la Secretaría de Energía propone una posición constructiva que consista en tratar de ver cuál es el manejo más adecuado para mitigar los efectos que se desprenden de la experiencia. “En definitiva, si una industria queda al margen de los cambios, éstos decaen sobre el resto con todo el peso de los ajustes y, por supuesto, hay límites sociales y políticos que impiden tal cosa”, asegura.
Aun así, inmediatamente después de la devaluación del pesos frente al dolar se trató de aislar al mercado de exportación al mantenerse tanto las operaciones de transporte como de venta de gas y energía eléctrica en las monedas en que habían sido pactadas desde un principio.

La hora del ajuste

Afortunadamente, junto con esta crisis que sufrió la economía argentina se dio una coyuntura de precios internacionales favorable para el sector productor de petróleo; situación que se extiende a ciertos subproductos obtenidos del gas natural.
Pese a ello, Guichón indica que ha llegado la hora de revisar precios y analizar la situación de los diferentes sectores, a fin de asegurar su sustentabilidad en el largo plazo. “La producción de gas natural será el primer ámbito en el cual se iniciarán acuerdos entre el Gobierno y las empresas para atravesar el período de transición, durante el que se espera lograr la recomposición de los precios y el cumplimiento con los compromisos de entrega del energético en el mercado interno”, afirma. “Esos convenios prevén un sendero lento de recuperación para el caso de los usuarios medios y bajos -tanto residenciales como comerciales- y otro más rápido para los restantes beneficiarios. Se trata de acercamientos que procuran un beneficio para todos, en la medida en que buscan que los procesos se implementen de una manera gradual y no terminen en una situación de ajuste generalizado de las tarifas que eche por la borda cualquier ventaja que se haya conseguido hasta el momento”.
Un primer acuerdo en este sentido ha sido firmado y ratificado por el ministro de Planificación Federal a través de la Resolución 208/04, y fue tratado el 6 de mayo en una audiencia pública que tuvo lugar en el edificio del Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS).
En cuanto al transporte y la distribución del fluido, se trata de una problemática distinta. “Uno de los efectos que produjo la crisis macroeconómica fue la limitación para obtener financiamiento en los mercados internacionales”, explica el funcionario. “Asimismo, la crisis que atraviesa el mercado local le quita al sector parte de su rentabilidad. Evidentemente, en este contexto, el Estado pasa a tener un rol distinto en materia crediticia, y eso de alguna manera se refleja en la creación de un programa que pretende canalizar el ahorro de las industrias privadas para dar mayor capacidad de transporte y distribución a aquellas poblaciones con escasos recursos, y para realizar nuevas inversiones. Paralelamente, se sigue trabajando en la renegociación de los contratos de servicios públicos”.

Integración

Ese escenario macroeconómico y sectorial genera una serie de impacto sobre el proceso de integración energética. En este sentido, la importación de combustibles recibe un gran estímulo a corto plazo. “En la actualidad tenemos una negociación con Brasil que está prácticamente terminada y permitirá adquirir en forma interrumpible flujos de energía eléctrica desde dicho país conforme a la capacidad de la infraestructura existente”, comenta el analista. Asimismo, se ha firmado hace muy poco un convenio con la República de Bolivia para importar hasta 4 MMm3 de gas y, por supuesto, tenemos el acuerdo con Venezuela para la provisión de derivados líquidos durante el periodo invernal”.
Pero como el sector también necesita de decisiones de mediano plazo, la Argentina trabaja con el gobierno del presidente Carlos Mesa en el proyecto de un mega-gasoducto que una ambas naciones y atraviese un conjunto de provincias que hoy no tienen suministro. “Es un proyecto de gran envergadura que esperamos entre en funcionamiento para mediados del 2006, con una capacidad de transporte de 10 MMm3/d, que se duplicaría para el 2010”.
Guichón es optimista y prefiere mirar la mitad llena del vaso: “Las crisis tienen, a veces, efectos que son claramente positivos. En nuestro país no se construían nuevos sistemas troncales desde las privatizaciones. Hubo inversiones en las redes existentes que elevaron notablemente su capacidad y se construyeron nuevos ramales, pero no hubo obras como la que prevemos " -admite.
El emprendimiento implicará un desembolso del orden de los 1.000 millones de dólares, y es viable en la medida en que existe, para bien o para mal, una demanda insatisfecha considerable.
Finalmente, están los efectos que esta crisis ha provocado sobre la exportación de petroleo. En el corto plazo y dentro del país, actúan los mecanismos previstos por la legislación interna que priorizan el consumo local. De todos modos, la Secretaría de Energía entiende que este tipo de políticas son aplicables en cumplimiento con los acuerdos internacionales suscritos, y que su implementación busca desarrollar todas las alternativas posibles para mitigar los efectos adversos sobre terceros países.
El especialista asegura, además, que está abierto un canal de negociaciones con la República de Chile para intentar llegar a condiciones que sean mutuamente satisfactorias y que, de todos modos, se espera que el actual período de transición que atraviesa el sector de gas natural permita rápidamente recomponer su capacidad productiva.
La Argentina tiene mucho interés en el proyecto que ha planteado Brasil de extender el gasoducto de Uruguayana-Porto Alegre y entiende que todas estas medidas son conducentes a que el país pueda volver a dar la seguridad que se requiere para actuar como proveedor. En conclusión, tenemos que ser conscientes de que el sector energético no es una isla dentro de la economía, y que frente a grandes desequilibrios a nivel nacional se verá afectado de alguna u otra forma”, reflexiona. “Tal vez por eso, la manera más provechosa de trabajar implique la búsqueda de alternativas para mitigar los efectos adversos que se desprenden de estas situaciones”.

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