A lo largo de la historia, la gente ha tenido dificultad para distinguir la realidad de la ilusión. La realidad es lo que ocurre, mientras que la ilusión es lo que nos gustaría que ocurriera. Las ilusiones son expresiones bien conocidas. El ímpetu es otro elemento: tendemos a asumir que las cosas siguen moviéndose en la misma dirección.

El Mundo ahora afronta una discontinuidad de proporciones históricas, ya que la Naturaleza muestra su mano imponiendo una nueva realidad energética. Hay intereses creados en todos lados esperando algo que evite el atezamiento del agotamiento del petróleo, o al menos que lo aplace hasta después de las próximas elecciones o hasta que puedan desarrollar una estrategia para su supervivencia personal o empresarial. A medida que el momento de la verdad se acerca, así lo hace la presión, el calor, los engaños, las medias verdades y las mentiras llanas.

Existen enormes apuestas geopolíticas. Como es bien sabido, la producción de petróleo en el interior de Estados Unidos ha estado disminuyendo durante más de treinta y cinco años, a pesar de todos los esfuerzos e incentivos. Sus existencias de gas también están al borde del colapso, a medida que su capacidad de generar nuevas reservas, que sostuvo la producción en la meseta, se agota. Su dependencia de las importaciones de petróleo ha superado el 60%, y se sabe que crecerá más aún, aunque la recesión reduzca la demanda. Hace un año, invadió un país de Oriente Medio, que se pensaba tenía unas sustanciales reservas de petróleo, con pretextos que ya se han visto no eran válidos. También ha acumulado un ingente nivel de deuda externa, apoyado por el concepto que se basa en el supuesto del crecimiento económico perpetuo.

Ahora, al fin, la comunidad financiera empieza a despertar a la inminente disminución del petróleo por su agotamiento natural. Es una toma de conciencia apabullante, para la cual no hay una solución disponible. Dado el papel central del petróleo en la economía mundial, un déficit en la oferta sólo puede significar una seria y duradera recesión económica. Cada día, los precios del petróleo tocan nuevos techos. Los comerciantes, con un conocimiento que niega la importancia a los recursos sobre los que se basan, esperan en vano el próximo ciclo de bajada, preguntándose qué le habrá ocurrido a la capacidad de reservas que les dijeron estaría allí en caso de necesidad.


Los creadores de imágenes responden a esta terrible realidad presentando a locos fanáticos musulmanes, resueltos a practicar el terrorismo. Tratan de evocar el miedo a que los países de Oriente Medio coloquen al mundo entre la espada y la pared, al retringirles el suministro esencial de petróleo, suponiendo, de forma implícita, que tienen que suministrárnoslo. Siempre ha sido una buena política para los gobiernos inventar enemigos, a fin de desviar la culpa de las políticas fracasadas de las que son responsables. El ejemplo más palpable fue el de la señora Thatcher, cuando defendió a una pequeña isla en el Atlántico sur de un ataque.

En primer lugar, el US Geological Survey (Servicio Geológico de EEUU) pone los fundamentos de esta visión con un estudio sobre las cuencas geológicas mundiales, dando la impresión de que están llenas de un petróleo que todavía está por descubrir. El mecanismo fue un rango de de probabilidades estadísticas. Es difícil dudar de descubrimientos que pueden tener, en un lugar en particular, un 95% de probabilidades de tener más de un barril y un 5% de probabilidades de tener 112 mil millones de barriles;un amplio espectro en todos los sentidos. La misma noción de que una única cuenca geológica tenga más de un 5% de probabilidad de algo va más allá de la comprensión de la mente humana. Ésto es ya bastante difícil ¿pero qué credibilidad puede atribuirse al valor medio estadístico que posee de un espectro tan amplio, que supone tan gran incertidumbre? Con seguridad, el valor medio fue calculado correctamente, siendo incluso citado con tres decimales, pero ¿qué valor tiene eso en el mundo real, a la hora de verificar el petróleo físico en un yacimiento? Además, el estudio sugirió que los campos mundiales de petróleo pueden ser de entre un 20% y un 120% más grandes que lo que se ha reportado. Esto es, que los cerdos pueden volar.

En resumen, aquí se ofrece una imagen de abundancia, proporcionada por una fuente aparentemente impecable, para permitir a otros que desarrollen previsiones de reservas futuras, que, prudentemente, no llegó a ofrecer el US Geological Survey. Tal entidad es la Agencia para la Información de la Energía (Energy Information Agency o EIA, en inglés), un brazo del Departamento de la Energía de EEUU (US Department of Energy). Ésta afirma que la producción de Arabia Saudí puede más que doblarse sobre las próximas dos décadas, creciendo de 10,5 Mb/d a 22 Mb/d para 2025, mientras que la de Irak puede crecer de 2,5 Mb/d a 6,6 Mb/d en el mismo período. Las reservas totales de la OPEP se prevé, por tanto, que aumenten de 27 Mb/d a 56 Mb/d. Se describe que la demanda mundial aumentará de 81 Mb/d en 2004 a 121 Mb/d, suponiendo una vuelta a la prosperidad económica.

En otras palabras, es un cuadro con un horizonte despejado y a salvo, si no fuese por los fanáticos musulmanes que merodean en el horizonte. Con una perspectiva tan prometedora ante nosotros, ¿no tenemos, por tanto, el derecho de evitar, si es necesario mediante ataques preventivos, cualquier riesgo de que alguien, por ejemplo, pueda volar la terminal de petróleo de Ras Tanura, en Arabia Saudita?. ¿No sería bastante acertado utilizar Irak como cabeza de puente, para tomar el control de los campos de petróleo saudíes, describiéndolo como un gesto en beneficio de ese país y sus leales gobernantes?

Y además, ¿no fortalecería eso más a Israel, , que es un cliente de Estados Unidos, en su lucha contra los mismos fanáticos musulmanes, a quienes curiosamente se ofende con expropiaciones?

Vivimos en un mundo de imágenes, lanzadas continuamente por la pantalla de la televisión con sus yuxtaposiciones y comentarios selectos bien diseñados. Escenas de muchedumbres en ciudades polvorientas se entremezclan con las de soldados bien armados con chalecos antibalas sobre un telón de fondo de fuego automático y explosiones. Actos de heroísmo contra un enemigo traicionero, son el menú diario de las masas, omitiendo la referencia a la aflicción relativa a las 20.000 personas que han perdido sus vidas en el ataque inicial.

De vez en cuando se emiten los discursos de una misteriosa figura vestida de negro, que se dice que está escondida en Afganistán, para añadir un discurso siniestro que refuerza nuestra determinación contra el enemigo diseñado.

Las primeras nubes que ensombrecieron este magnífico despliegue de ilusión, fueron los titulares anunciando que la poderosa Shell Oil Company había rebajado su nivel de reservas un 20%. Se describió, inmediatamente, no como una consecuencia del agotamiento natural, sino como una negligencia, una incompetencia, cuando no como un comportamiento criminal de los directivos responsables. Los fondos de pensiones y el gran accionariado se pusieron de acuerdo para echar al director. Se creó un nuevo enemigo para desviar la atención de las leyes de la Naturaleza.

Tales son las imágenes, la interpretación y el oportunismo político bajo el que vivimos. Pero si queremos volver atrás para redescubrir la realidad, el primer paso debe ser preguntar cuánto petróleo utilizamos y cuán dependientes somos de él. El Oil & Gas Journal, una de las principales fuentes de información pública (sobre el mundo del petróleo), estima que utilizamos casi 25 mil millones de barriles en 2003, mientras que la EIA cita 30 mil millones, añadiendo quizás las ganancias de las refinerías y otras categorías, no evaluadas por The Oil & Gas Journal. Evidentemente, no llegamos a ponernos de acuerdo sobre las cantidades que utilizamos, aunque debería ser tan simple como leer un indicador. El petróleo proporciona más del 90% del combustible del transporte, del cual depende el comercio, y juega un papel crítico en la agricultura, lo que significa alimentos...

The Oil & Gas Journal dice que cerca de la cuarta parte del suministro mundial en 2003 provino de cinco países fronterizos al Golfo Pérsico (Emiratos Árabes Unidos, Irán, Irak, Kuwait y Arabia Saudí).Estos países tienen un claro papel principal. Eso plantea, a continuación, la cuestión de cuánto podrán suministrar en el futuro, suponiendo, tanto su buena voluntad, como la erradicación de los enemigos que viven allí. No es una cuestión fácil de responder, en parte porque las reservas de petróleo son secreto de Estado, y también se utilizan como base para la cuota de producción de la OPEP, de la que dependen los ingresos públicos de esos Estados e indirectamente el bienestar de sus gentes.
Se requiere, por lo tanto, una cierta cantidad de trabajo detectivesco para hacer al menos un análisis inteligente y lógico. El primer paso es preguntar cuánto han producido hasta ahora. La suma de la producción hasta hoy, según informa Oil & Gas Journal, es de 238 mil millones de barriles, alrededor de un cuarto del total mundial. La exploración comenzó en los primeros años del último siglo, aportando una serie de yacimientos muy grandes.

Resultaba fácil encontrarlos, simplemente porque eran muy grandes, y por eso fueron los primeros. El cenit de los descubrimientos se situó en 1948, dominado por el yacimiento más grande del mundo, Ghawar, en Arabia Saudí; este yacimiento, por sí sólo, fue de gran importancia en la producción anterior y ejercerá una importante influencia sobre la producción futura del total de la región.

Se dice que este campo ha producido alrededor de 62 mil millones de barriles, lo que de acuerdo con una gráfica presentada por los saudíes en un reciente encuentro del Institute of Petroleum, representa alrededor del 43% del petróleo in situ, concretamente 144 mil millones de barriles. Las compañías privadas de petróleo, que explotaron el yacimiento hasta su nacionalización en 1979, dijeron que contenía alrededor de 80 mil millones de barriles, lo que supone un factor de recuperación relativamente alto, del 55%. Si es así, al yacimiento le quedan 18 mil millones de barriles. Pero si echamos un vistazo a las tendencias que supone el gráfico saudí, podemos concluir que el yacimiento habrá producido alrededor de 80 mil millones de barriles en 2010, momento en el que el 80% de la producción será agua. La nueva tecnología puede también añadir unos cuantos años más de vida productiva en el tramo final.

En términos geológicos, el yacimiento está formado por un suave anticlinal, de unos 200 km. de largo, en el cual las piedras calizas del jurásico muy ricas orgánicamente, formaron tanto depósitos como fuentes, siendo atrapadas en determinados lugares con un sello de anhidratos. De hecho, la estructura está parcelada en unos diez compartimentos que pueden haber sido yacimientos individuales y que no tenían una carga de petróleo tan enorme. Está atravesada por fallas y fracturas, que primero facilitaron el movimiento del petróleo hacia los pozos, pero más tarde formaron conductos que permitieron la inoportuna entrada de agua, a partir del programa de inyección masiva de agua. Eso fue necesario, porque un depósito de alquitrán al contacto del agua con el petróleo había bloqueado la entrada natural de agua en el flanco oriental. Ahora el yacimiento produce un 60% de agua, y esta cantidad aumenta un 3% al año. Ahora se están perforando nuevos pozos horizontales multi-ramificados con tecnología de vanguardia, para tapar parcialmente zonas de petróleo de baja permeabilidad, en un intento desesperado por mantener la producción.

Los demás yacimientos del reino saudí contienen aproximadamente 130 mil millones de barriles, de acuerdo a lo estimado por las compañías privadas, antes de la nacionalización. Si es así, el total descubierto equivalía a 210 mil millones de barriles en 1989, punto en el cual habían sido producidos unos 56 mil millones de barriles según The Oil & Gas Journal. Eso significa que las reservas entonces se encuentran en 154 mil millones de barriles. Esto es algo más bajo que los 170 mil millones de barriles de los que se informó, pero la discrepancia se podría explicar por los supuestos de recuperación alternativos.

En 1985, Kuwait añadió un 50% a sus reservas comunicadas aunque nada en particular había cambiado en los yacimientos petrolíferos. Tres años después, Venezuela dobló sus reservas por la inclusión de reservas de petróleo pesado, conocidas desde hace tiempo, pero no contabilizadas. Eso forzó a Emiratos Árabes Unidos, a Irán y a Irak a responder con incrementos masivos para proteger su cuota en la OPEP, la cual se basaba parcialmente en las reservas. Arabia Saudí les siguió en 1990 incrementando sus reservas declaradas de 170 mil millones de barriles a 275.500 millones de barriles, una estimación que ha variado muy poco desde entonces, a pesar de haberse producido alrededor de 37 mil millones de barriles.

Obviamente, hay algo incorrecto en estos aumentos, ¿pero qué es? Si los 210 mil millones de barriles declarados en Arabia Saudí por las compañías privadas representan un factor de recuperación de, digamos, un 40%, entonces el petróleo que queda debería ser 525 mil millones de barriles. En ese caso, los 259,4 mil millones de barriles ahora declarados representarían alrededor de un 50%. Es muy tajante sugerir que Arabia Saudí está declarando el total descubierto, con un factor de recuperación optimista, y no las Reservas Restantes (Remainig Reserves, en inglés), como se supone normalmente.

Más bien parece que Kuwait estuviese haciendo lo mismo. Su mayor yacimiento es Burgan, hallado en 1938, para el cual las compañías privadas, antes de la nacionalización, estimaron que contenía alrededor de 60 mil millones de barriles. Otros yacimientos más pequeños añaden unos 30 mil millones de barriles. El país ha producido 22 mil millones de barriles hasta 1984, cuando declaró unas reservas de 63’9 mil millones de barriles, dando un total de descubrimientos de 86 mil millones de barriles, lo que no está lejos de los 90 mil millones de barriles que desde entonces han declarado como reservas.

Podría tener bastante sentido basar la cuota de la OPEP sobre los descubrimientos totales, no sobre las reservas restantes, para poder disponer de un número estable e imparcial, que no se vea afectado por la producción que parece diseñada para controlar la cuota .

Podemos estar bastante seguros de que Irán e Irak siguieron los mismos esquemas informativos. También es digno de señalar que Argelia, otro país de la OPEP, comunicó unas reservas de 9,2 mil millones de barriles durante once años a pesar de la producción, que es del tamaño de su mayor yacimiento, Hassi Messaoud.

Resumiendo, no se puede dar ningún crédito a las reservas declaradas por los cinco países claves de Oriente Medio. El total presentado es de 694 mil millones de barriles, pero, como mínimo, tenemos que descontar la producción anterior, que equivale a 238 mil millones de barriles, para declarar unos 456 mil millones de barriles, más convincentes. Eso por sí mismo refleja probablemente un factor de recuperación asumido excesivo, ya que no todos los yacimientos igualarán a los mejores. Si eso es así, puede ser prudente reducir más el número a, digamos, 370 mil millones de barriles. Debemos enfatizar el ritmo de extracción de una parte de las propias reservas, las cuales disminuyen de forma inevitable hasta la extinción, haciendo irrelevante para el suministro mundial el tramo final de las reservas.

Los descubrimientos están dominados por un pequeño número de yacimientos muy grandes, hallados hace más de cincuenta años. Aunque la exploración en los años recientes ha estado a un nivel relativamente bajo, los países preocupados ya han intentado, por supuesto, las principales posibilidades restantes, las cuales debido a su mismo tamaño se encuentran primero. No hay duda de que los descubrimientos recientes comunicados por los propios países son tan poco fiables como sus mismas reservas, pero echando un vistazo general a la situación, sería razonable atribuir unos 60 mil millones de barriles a descubrimientos futuros, dando un total redondeado de, digamos, 660 mil millones de barriles. Si es así, parece que Oriente Medio está agotado en un 36%, lo que no parece excesivo, considerando que la producción comenzó en los primeros años del siglo pasado.

En el mundo real, es difícil decir que la producción ésta aumentando, cuando los países encaran ya considerables cambios para contrarrestar el declive natural de sus campos gigantes envejecidos, como se ejemplifica con Ghawar.

Si se mantiene la producción al nivel actual y la exploración es razonablemente recompensada, se alcanzaría el punto medio de agotamiento entre 2015 y 2020. El ritmo de agotamiento estaría todavía justo debajo del 2% (anual), el cual es bajo en comparación, así que la producción a ese nivel continuaría hasta, digamos, 2025, antes de que empiece el agotamiento terminal. Por cierto, el bajo ritmo de agotamiento es más evidente a medida que la base de recursos es mayor.

Pero si, pongamos por caso, la producción aumentase en los próximos diez años por la admisión de las compañías petrolíferas occidentales, el conjunto se encontraría ante un agotamiento posterior más pronunciado, haciendo de una mala situación algo todavía peor. Por otro lado, si los fanáticos musulmanes interrumpieran el suministro, estarían haciendo, paradójicamente, un involuntario favor al forzar a los países occidentales, los cuales son los primeros consumidores, a encarar la realidad de las restricciones de la Naturaleza, que se harán sentir en serio en los próximos años.

Rusia puede aumentar la producción durante unos cuantos años, contrarrestando el anómalo descenso tras la caída de los soviéticos; el Caspio puede contribuir un poco, y hay todavía algo de vida en las aguas profundas. Pero este aspecto no compensa las otras áreas consolidadas, que están ya en agotamiento terminal, siguiendo los ejemplos de Estados Unidos y ahora el Mar del Norte y China.

En resumen, no hay modo alguno que pueda hacer realidad la idea de la EIA del aumento de la producción mundial a 121 mil millones de barriles para 2025. Es difícil creer que no eran conscientes de estos hechos y de las deducciones explicadas arriba, las cuales son evidentes por sí mismas a partir del examen de los datos pertinentes. La explicación probable es que comunican consciente o inconscientemente lo que sus amos esperan de ellos. Aquellos en el poder quieren la afable realidad de “business as usual” (“aquí no pasa nada”), ya que deben obtener el apoyo de su electorado tradicional continuamente, en vez de encarar la realidad del agotamiento natural impuesto por la Naturaleza. En esto, subestiman la resolución de sus necesitados electores, quienes preferirían con mucho que les dijeran la verdad. “Confía en la gente”, dijo Winston Churchill, cuando encaraba una prematura crisis.

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