Ali Naimi es el hombre más poderoso de la industria petrolera mundial. Como ministro de Petróleo y Recursos Minerales de Arabia Saudí -y anteriormente presidente de Saudi Aramco, la petrolera estatal saudí- puede influir el precio mundial del crudo. 

Pocos ponen en duda su autoridad. Pocos salvo Matthew Simmons, un atípico banquero de inversión de Texas, que hace un año aseguró que Naimi ocultaba que su país sufría graves problemas de producción.

Simmons escribió un libro -Anocher en el Desierto. El choque petrolífero saudí y la economía mundial- en el que sostiene que las reservas de crudo saudíes han alcanzado su pico de producción y que pronto la producción comenzará a caer. El libro fue un terremoto y provocó que Washington y la Agencia Internacional de la Energía presionasen a Riad para obtener respuestas.

Desde la publicación del libro, Naimi ha vivido bajo el síndrome de Simmons, ya que su gestión ha estado permanentemente en escrutinio. Las dudas obligaron a Saudi Aramco a proporcionar más información a los gobiernos Occidentales. Tanta información, que según un alto funcionario Occidental, Riad proporcionó en un año la información que había facilitado en el conjunto de la década anterior. Por supuesto, Arabia Saudí negó todas las acusaciones, pero Simmons, que habló con este corresponsal hace unos meses, insiste en que pronto veremos como Arabia Saudí no puede elevar más la extracción.

Los problemas que describe Simmons son muy técnicos.


 pero, en resumen, apuntan a que el reino cada vez produce más agua junto con el petróleo, y que los pozos, muchos de ellos puestos en marcha en los cincuenta, no dan más de si. Además, dice que Riad no ha descubierto ningún gran yacimiento en los últimos años para compensar la explotación de los pozos más antiguos.

Naimi, que durante las reuniones de la OPEP suele hablar con los periodistas aprovechando su caminata matinal, perdía los nervios cada vez que se le preguntaba por Simmons. Pero ahora el ministro parece dispuesto a tomar la revancha. En el segundo trimestre, Arabia Saudí inaugurará un yacimiento petrolífero llamado Haradh, que bombeará 300.000 barriles al día extras.
 
Si de verdad sucede así, será la primera victoria de Naimi sobre Simmons; el primer signo de que a la producción saudí todavía le queda cuerda para rato. Tras Haradh, el reino prevé poner en marcha otros yacimientos

Simmons argumenta que esos yacimientos producirán menos de lo que Naimi dice y, por otro lado, no elevará la capacidad total de bombeo, ya que sólo compensarán el agotamiento de otros. Naimi sostiene lo contrario.

En su carrera matutina de ayer de Naimi repasó todos los aspectos del mercado petrolífero, mientras obligaba a los periodistas a correr a siete grados bajo cero en las heladas calles de Viena. El paseo, a petición suya, se realizó bajo la regla del off-the-record [los periodistas no pueden divulgar su contenido, aunque pueden utilizar la información para su entendimiento de lo que sucede en el mercado]. Digamos que el ministro, hablando de la producción futura de Arabia Saudí, por no perdió la sonrisa. Claro, que Simmons no tira la toalla, y con el petróleo al borde los 70 dólares hay que escuchar sus argumentos, cuando menos, con mucha atención.

En sólo unos meses veremos quien tiene razón: si la tiene Simmons, tal y como sostiene Goldman Sachs, hablar de 100 dólares el barril será una tontería. Ese sería el suelo del mercado. Si la tiene Naimi, sería el primer signo de que Arabia Saudí toma las riendas y aumenta la capacidad de producción, crítica para alimentar el voraz apetito de energía de China, India y otros países asiáticos.        

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