Los políticos (y casi todos los periodistas) siempre se refieren a los tipos de interés como función solo de la inflación, el crecimiento y el empleo.

Si se suben los tipos es porque la economía va tan bien que hay que refrenarla. Si se bajan los tipos es que es porque la economía va tan bien que no hay que pararla. Son ideas clásicas, neoclásicas y del keynesianismo más simplón, muy arraigadas, fáciles de entender y muy convenientes.
Del mismo modo, por ejemplo, se defiende, rozando la fisiocracia, que la burbuja de precios inmobiliarios es cuestión de la oferta de suelo (racionada jurídicamente por razones inconfesables) y la demanda de cobijo (hipotéticamente exorbitante por culpa de potentados divorciados, ancianos extranjeros, inmigrantes tercermundistas, etc.), sin reflexionar nunca sobre su verdadera esencia financiero-hipotecaria.

Pero, la verdad es que, hoy, los tipos de interés de intervención son, sobre todo, función del tipo de cambio. Pero, es muy lógico que las autoridades monetarias (y no monetarias) no lo reconozcan. ¿A quién le gusta decir que se ve obligado a subir los tipos de interés porque su moneda no la quiere nadie?. ¿A quién le gusta decir que se ve obligado a bajar los tipos de interés porque su moneda la quiere todo el mundo porque somos unos membrillos que estamos dando duros a peseta?. Y, respecto del ejemplo inmobiliario, ¿a quién le gusta decir que los precios de los inmuebles serán los que son hasta el día en que las entidades de crédito se den por satisfechas en su inversión crediticia?.

Yendo más allá, dado que la estadística económica es también pura política: "¡Niño, dame una ración de datos macroeconómicos buenos (y tápame otros tantos), que tengo que salir por la tele comunicando a los zombies que hay que subir los tipos de interés".

No todo son maldades, que conste. También quieren subir los tipos de interés para quitar fuerza en los casinos, como paso previo a la RECESIÓN.

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